El poder de las palabras es inmenso y tienen la habilidad para generarnos sensaciones agradables y empoderarnos o todo lo contrario, nos pueden destruir y hacernos sentir muy débiles e incapaces de mejorar .

 

Cuando de pequeños nos decían o escuchábamos de algún adulto, padres o madres, educadores, profesores, hermanos, abuelos … palabras como:

“Eres patoso, siempre te caes.”
“Eres muy desordenado, tu habitación siempre es un caos.”
“Eres muy charlatán, nunca te callas en clase.”
“La ortografía no es lo tuyo, haces muchas faltas.”
“Eres demasiado movido, nunca te estas quieto.”
“Eres tímida, te pones siempre roja al hablar”
“No hagas esto, te vas a caer”
“No llores, es una tontería”
“Tienes que decir gracias siempre, si no eres un mal educado”
“Si no comes todo lo que tienes en el plato, no vas a ser un niño bueno”

 

¿Cuantas veces has escuchado alguna de estas frases o similares?

¿Cómo te sientes cuando alguien te habla así?

Identificar aquello que te decían de pequeño, adolescente o joven, va a ser muy útil para cambiarlo y transformarlo. Son palabras que otros nos han regalado y que no nos sirven para avanzar en nuestro camino.

Nadie nos ha enseñado a no aceptar todo lo que los otros nos regalaban con sus palabras. A veces podía ser positivo para ti y otras, limitador. Lo que si puedes hacer a partir de ahora es cambiar esta idea que tenemos de nosotros y transformarla.

 

Recuérdalo:

No eres aquello que te dijeron un día tus padres.

No eres aquello que te dijo un día un profesor.

No eres aquello que te dijiste a ti mismo cuando estabas aprendiendo.

No eres la opinión del otro.

 

Eres mucho más que todo esto y para poder conectar con quién realmente eres, te propongo que observes la imagen que tienes de ti mims@ hoy , lo escribas y te lo cuestiones todo.

 

¿Soy verdaderamente esta persona que tengo en mi mente?

 

Si las respuestas son afirmativas, demuéstratelo con experiencias concretas y reales. Si ya no eres lo que te dijeron o dijiste, empieza a escribir quién si eres hoy y como te gustaría ser.

Cada palabra tiene una enorme fuerza y poder en ti y los demás. Recordarte que la palabra actúa directamente en contra o a favor de tu autoestima. Crea o destruye, y solamente lo puedes gestionar siendo conscientes de cómo tus palabras pueden condicionarte a ti y al otro.

Te invito a SER RESPONSABLE de tus palabras y su poder, toma consciencia de lo que te dices.

Si todo lo que te has dicho hasta hoy te limita, cámbialo y empieza a regalarte palabras poderosas y que te conecten a ser tu mejor versión.

Solamente tú puedes cambiar tus palabras y el significado que le has dado a cada palabra hasta hoy.

Continuamente le ponemos un significado a cada palabra (según experiencias vividas) y esta acción que hacemos de manera inconsciente nos puede expandir o limitar. Todo dependerá de la información que incluya nuestro significado.

Por ejemplo, podemos catalogar que ser egoísta es algo negativo y que nos aleja de pensar y cuidar a los demás. La persona egoísta solo piensa en ella y nunca en el otro.

 

¿Y que pasa si pensamos que cuidarse uno mismo es ser egoísta?

 

Si catalogamos ser egoísta como algo necesario para cuidarse y pensar en uno mismo, este nuevo significado nos puede servir para equilibrar el dar y recibir. ¿Cuantas personas conoces que se dedican a dar y cuidar a los demás olvidándose de cuidarse y recibir?

El significado “ser egoísta” puede variar según nuestra experiencia. Podemos añadirle significado a todo lo que nosotros deseamos y allí es cuando empezamos a abrir nuestro mapa del mundo y aprender a aceptar nuevos significados y maneras de ver la vida.

Preguntar al otro sobre sus significados es también una herramienta muy útil que nos permite conocer y descubrir nuevos significados y poder entender mejor al otro.

Encontrar el equilibrio depende de ti. Así que te animo a cambiar y/o añadir significado a tus palabras para que puedas expandir tu mente y te abras a nuevas oportunidades.

 

Comparte tu opinión y si decides pasar a la acción, cuéntame tu experiencia para que los demás también se animen!

Gracias por leerme,

Bet Masallera